¿La hispanidad? Es más fácil que arrimes el hombro si te hablan de identidad, es más fácil que la gente detrás de la televisión justifique el porrazo de los policías si la convencen de que están haciéndolo para salvar todo lo que nos queda intramuros, para salvarte de lo otro, de ser como Grecia, por ejemplo; de ser, horresco referens, como el Tercer Mundo.  Reflejos lejanos de una amenaza que se cierne sobre todo aquel pobrecito hijo de Dios que tenga el orgullo de administrar un dominio.es, llevar un dni electrónico de colores estridentes, una camiseta del Barça o del Madrid. «Somos un gran país», o al menos, «Fuimos un gran país». Sobrevivimos a una guerra fraticida y aun supimos salvar la patria mediante una transición pacífica (y después de decirlo se señalan con inquina los unos a otros, por debajo de sus albornoces podemos verle el rabo a Satanás). Lideramos los rankings de donación de sangre, nos dicen, es la española una raza solidaria (pero en las CIES se derraman hasta perderse en un sumidero entre barrotes los sueños de miles de hombres que pidieron simplemente una transfusión de oportunidades). Descubrimos el Nuevo Mundo y cuando fue correcto su progreso, le dimos la libertad (pero ahora que un cinturón rojo se enreda en el cuello del Imperio, ahora que la colonia ha despertado y reclama su petróleo, su gas, su oro, su fuerza de trabajo, alzamos de nuevo un océano de odios y sospechas, para que la joven sangre española no se mezcle con la del indio contestatario, rebelde, salvaje, hasta contaminarse.

Nacemos con una deuda de ochocientos años. Le debemos al Cid que expulsara a un puñado de árabes de nuestras tierras, a los Reyes Católicos que terminaran el trabajo, además de la ya mencionada considerable ampliación del terreno especulable, a los héroes de Mayo una ilustración apropiada al temperamento español (castrada, reaccionaria y monárquica, madre de una democracia con los mismos adjetivos), le debemos a la roja un Mundial y dos Eurocopas, suma y sigue. Y de un tiempo a esta parte el gigante del patriotismo ha gestado una estocada mejor con que sacarle partido a nuestro orgullo identitario. La palabra crisis se extiende sobre nosotros como un pastel de cenizas que ha de ser compartido en armonía por todos los hijos del pueblo, una nueva deuda que debe ser pagada a tocateja por todo cristiano viejo para buen sustento de su honra. Una deuda rojigualda, que huele a chorizo, que va de lunares.

¿Y tú te lo vas a creer? Pues, alucina hay quien se lo cree, lo juro, lo he visto.

Por eso vengo a decir:

Que Creta se esconde en Malasaña, soy más griega que española y quiero a un guineano en la Moncloa. Yo, que desde el último piso del Hotel Madrid pude tocar Casablanca. Aclaro, que yo no le debo nada a este país, desde Rajoy a Alfonso X. Expongo que nunca hice negocios con Ángela Merkel y que jamás he dormido en el Palacio Real. Por último, solicito una mancha negra, pequeña, muy pequeña, en el mapa de España, que se refiera a mí, mientras país siga siendo una la excusa para encontrar consentimiento público en el pisoteo de un gigante informe y sin territorios, a las órdenes de un racimo de ladrones con única patria en palabras tan extranjeras como Euro,  Dolar, Bono, IBEX….

¡NO DEBEMOS, NO PAGAMOS!

13O-18h

Recorrido: Sede UE (Plaza Emilio Castelar) – Congreso (Neptuno) – Sol

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